El turismo de lujo en México impulsa nuevas oportunidades para la inversión inmobiliaria, tanto en destinos de playa como en las principales ciudades del país, ante la llegada de viajeros internacionales con mayor poder adquisitivo y el aumento del gasto en hospedaje.
De acuerdo con la Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios (ADI), el segmento turístico será el segundo con mayor inversión durante el 2026, con un estimado de 3,882 millones de dólares, por encima incluso de lo destinado a naves industriales.
Quintana Roo y Nayarit concentran parte importante de este flujo, aunque Jalisco y la Ciudad de México también ganan relevancia.
La transformación alcanza a la oferta hotelera, que incorpora cada vez más proyectos orientados al segmento de lujo y modifica el perfil de los principales destinos.
"El cambio más grande que hemos visto en México está en los destinos urbanos. Antes el grueso eran viajeros corporativos entre lunes y jueves, mientras que el turismo vacacional era masivo en las playas. Pero, en los últimos 10 años, esto ha cambiado", comentó en entrevista Luis Ruiz, managing partner de Onirius Capital.
El turismo de lujo representa alrededor del 20% de los ingresos totales del sector hotelero y podría generar más de 4,200 millones de dólares anuales al cierre del 2026, el doble que hace una década, de acuerdo con estimaciones de la firma.
El atractivo para los desarrolladores inmobiliarios no está únicamente en el aumento de visitantes, sino en la capacidad de los viajeros de alto poder adquisitivo para destinar más recursos al hospedaje.
Según datos del Boletín Estadístico de la Secretaría de Turismo de la Ciudad de México, en el 2025 se hospedaron en hoteles 11,227 turistas nacionales y 4,417 turistas internacionales, cifras que representaron incrementos anuales de 3.9 y 9.4%, respectivamente.
Si bien los viajeros nacionales representan el mayor volumen, los visitantes internacionales generan una derrama superior. El gasto de los turistas nacionales en hospedaje alcanzó los 59,880 millones de pesos ese mismo año, mientras que los internacionales gastaron 102,174 millones de pesos, un incremento de 18.8% frente al 2024.
Además, el gasto de los viajeros internacionales ya supera los niveles previos a la pandemia. En el 2019, la cifra fue de 72,127 millones de pesos.
"El gasto de los turistas ha incrementado considerablemente, incluso más que el número de pasajeros que llegan", dijo Ruiz.
El mayor gasto turístico también se refleja en las tarifas de hospedaje. Los Cabos cuenta con una docena de hoteles con precios superiores a 1,000 dólares por noche, mientras que la Ciudad de México comienza a acercarse a esos niveles en algunos de sus principales corredores.
"En la capital mexicana era raro que un hotel superara los 500 dólares por noche. Ahora en Reforma, Polanco y la Condesa empieza a haber algunos que se acercan a los 700 dólares", añadió Ruiz.
Como muestra de los cambios en las tendencias del turismo urbano destacan dos de los proyectos de Onirius en la Condesa, Andaz y Mondrian, dos hoteles con un concepto lifestyle dirigido a jóvenes. Sus tarifas oscilan entre 300 y 400 dólares.
El hospedaje hotelero no es el único negocio inmobiliario que crece alrededor del turismo de lujo en México. Las residencias de marca o Branded Residences se han convertido en otro nicho para los desarrolladores.
La venta de villas y departamentos dentro de complejos turísticos con servicios de alta gama ha ganado terreno, con una oferta que combina el mercado residencial con la experiencia hotelera.
"Empiezan a surgir este tipo de proyectos de lujo en las principales ciudades (Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey), que van de la mano con hoteles y residencias de fin de semana", apuntó Ruiz.
Se estima que alrededor de 60% de estas residencias son adquiridas por extranjeros, especialmente estadounidenses y canadienses, muchos de ellos con raíces latinas.
Así, el turismo de lujo deja de ser únicamente una categoría dentro de la oferta hotelera y adquiere un peso creciente dentro del mercado inmobiliario mexicano, con hoteles y residencias de marca como parte de una estrategia para captar el gasto de viajeros con mayor capacidad adquisitiva.