El reloj marca las 17, la pava alcanza el punto de temperatura justa y el mate ya tiene la yerba con la inclinación especial para que no se lave tan rápido con cada cebada. Llegan los amigos y el rito, que se repite tanto en la Argentina como en Uruguay, comienza. Entre los bizcochos o la porción de torta, la tarde transcurre. Pero, aunque parezca una tradición popular propia del Cono Sur de Latinoamérica, a más de 11.000 kilómetros, se encuentra Lungro, un pueblo italiano de 3145 habitantes a la ladera de la sierra del Pollino, lugar donde también se vive la cultura de tomar mate.
A 270 km al sur de Nápoles, en la región de Calabria, se halla este sitio tan particular que el 31 de julio y el 1 de agosto organiza la 12.ª edición del Festival del Mate. Un evento que nació gracias al impulso de una mujer llamada Anna Stratigò, fundadora de la Academia del Mate. En 2014, Lungro se convirtió en la Capital Europea del Mate y hasta tiene una yerba que lleva su nombre.
Llegar a Lungro en auto implica un recorrido sinuoso y montañoso. A medida que se cruza el río Tiro (o Galatro), el viajero se adentra en un campo con colinas cultivadas y arboladas. A 600 metros sobre el nivel del mar y casi en la cima, descansan las casas medievales de un pueblo que toma mate como en cualquier ciudad argentina o uruguaya.
Las veredas del pueblo son tranquilas; la gente utiliza poco el auto, aunque sirve de ayuda para evitar las lomas empinadas de sus calles. Mientras se avanza por la vía principal Girolamo De Rada, el primer detalle que roba la atención de cualquier turista son los mates listos para la venta que se lucen en los negocios, al igual que algún que otro paquete de yerba de medio kilo que lleva el nombre Lungro.
La historia de cómo llegó el mate a este sitio puntual de Italia se remonta 140 años atrás, cuando los inmigrantes lungreses llegaron a la Argentina en busca de una vida mejor. En ese entonces, el sur del país europeo atravesaba una hambruna y la falta de empleo y oportunidades obligó a muchas familias a emigrar.
Cuando la situación de los inmigrantes mejoró, muchos retornaron a Lungro llevando consigo sus mates. Incluso los que se quedaban enviaban a sus amigos y familiares un mate como souvenir. Así comenzó a arraigarse la costumbre de beber la infusión en ciertos momentos del día o en ocasiones especiales.
En Lungro, cada propuesta cultural es bienvenida para unir a la comunidad, aunque el mate ya hizo lo propio conectando a vecinos, amigos y familia. Allí la hora "ideal" para beber la infusión suele ser por la mañana o por la tarde y se acompaña con el Viscote të pirvi luar, un tipo de bizcocho redondo —similar a una dona— de masa dura en la corteza y blanda en su interior.
"Somos gente alegre, personas sociales, que aman la música y el arte. Cuando los lungreses fueron a Argentina como inmigrantes, abrazaron rápido las tradiciones del país, en particular el mate. Pero no solo eso, sino el amor por la Argentina, porque construyeron un lazo muy importante. Creo que por esto los lungreses se sienten un poco argentinos. No solo por el mate, sino porque característicamente nos parecemos mucho al argentino", describió Stratigò.
Años atrás, cuando las familias eran numerosas, todos se reunían a tomar mate. Ahora el número disminuyó y predominan los hogares de una o dos personas. Por ese motivo es que la fundadora de la Academia del Mate impulsó el festival en su honor: "Para evitar que se pierda esta cultura. Quien lo bebe, lo bebe todos los días".
Con cada Festival del Mate, las calles de Lungro se ven más concurridas que de costumbre. Hay argentinos que llegan exclusivamente para participar del evento y las banderas albicelestes ondean junto a las italianas.
Celebrar el mate en Lungro implica risas, música en ambos idiomas y una tradición compartida a miles de kilómetros de Sudamérica. Para esta 12.ª edición, habrá un circo itinerante para toda la familia, clases de tango, un concierto de jazz, una charla sobre las propiedades de la yerba mate y un espectáculo musical para honrar la cultura de Argentina e Italia.
Con ayuda de la Universidad Nacional de Misiones, se intentó plantar yerba mate años atrás, pero Stratigò explicó que el cultivo no logró proliferar. No obstante, aún sueña con esta idea con el propósito de que se pueda producir la típica yerba lungrese. En tanto, la calabaza que sirve como recipiente para beber esta infusión sí se cosecha allí.
"El regalo más grande que pudo haber recibido Lungro por los 140 años de amistad es la producción en Argentina de parte de la hacienda Molinos Unidos de la yerba con nombre Lungro. Es una cosa maravillosa que pronto estará disponible en todo el mundo", celebró Anna Stratigò. El paquete de 500 gramos tiene una ilustración de la iglesia central de San Nicola di Mira y detrás aparecen las casas y el cordón montañoso.
Cuando el sol se esconde en el horizonte, el cielo se pinta de naranja, celeste y un amarillo pálido. La sombra de las montañas se hace más pronunciada sobre las casas; Lungro enciende las luces de sus calles y en la última cebada de mate queda el testimonio de un lazo profundo entre ese pueblo y la Argentina.